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SOBRE MI

Ana Rodriguez Quiroga

Nací en Buenos Aires en 1987. Soy escenógrafa recibida en la Universidad del Salvador. Ejercí la profesión durante siete años en obras de teatro del circuito independiente. Desde 2018 me dedico a la pintura. Me formé en el taller de Lucía Harari con quien también realicé Clínica de obra. En 2021 y 2022 participé en el laboratorio de experimentación “El teatro es una pintura que es un teatro” coordinado por Julián Rodríguez Rona y Juan Reos. En 2024 integré el Taller de producción y análisis de obra Blasón de Verónica Gómez. Desde marzo de 2025 realizo clínica de obra con Eugenia Viña. Participé en muestras colectivas en Espacio dos puntos y en Basilio Taller en el marco de La Gran Paternal Estudios Abiertos. Actualmente pinto y doy clases en mi taller.

Vivo y trabajo en Buenos Aires.

Ana Rodriguez Quiroga
STATEMENT

Para Ana Rodríguez Quiroga pintar es sumergirse en lo inasible. Desde la mancha acuosa y el trazo intuitivo emergen en su obra paisajes interiores, fragmentos de mundos sumergidos y biologías imaginarias. El color- sus sombras y transparencias– se convierten en materia sensible, vibración que late entre lo que se forma y lo que se disuelve. En el gesto pictórico habita una forma de tiempo: suspensión, vértigo y respiración detenida. Pintar es para la artista preguntarse: ¿Qué veo? ¿Qué siento? ¿Qué soy cuando pinto?

El cuerpo y el agua son ejes que atraviesan la obra. Las formas orgánicas, las texturas blandas, los bordes difusos remiten a membranas, túneles, pieles, cavernas, células vegetales, fantasmas. Las imágenes nacen de un deseo profundo de comprender lo que se mueve en lo invisible, lo que al mismo tiempo nos erosiona y nos cuida. Pintar es para ella una forma de flotar cuando lo sólido se torna gaseoso. Allí construye un puente entre su interioridad y el mundo. Se comparte.
Las telas livianas, liencillo crudo, sin bastidor ni armazón, son territorio, refugio, espejo líquido de una subjetividad en tránsito. Lo que se interrumpe, lo que no llega a decirse del todo, también pinta.

En las pinturas se vislumbra un mundo entre la materia y lo que se desvanece. En esas zonas ambiguas se asientan sus obras: mapas de emociones, respiraciones que condensan estados de ánimo, silencios y preguntas sin respuesta. ¿Sabés nadar? ¿Te gusta bailar? ¿Cuánta agua te ha acariciado? Pintar, en este contexto, es atreverse a seguir preguntando sin querer cerrar sentidos. La mayor potencia está en sostener la duda en las imágenes, dejando que la pintura diga lo que tal vez nunca se pueda nombrar.

Eugenia Viña